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domingo, 30 de diciembre de 2012

Y es así como nos ven quienes no nos ven... Si no eres ANA no comprenderas.


Cuantas percepciones se tienen acerca de ser ana y mia.. en fin, no lo comprenderan hasta que no sean parte de ello. Aqui les dejo algo que me resulto muy interesante.. 
Había una vez dos hermanas princesas, Ana, aspirante a actriz, y Mia, aspirante a modelo. Eran niñas que vivían felices: tenían amigos, la gente las apreciaba, sus familiares las querían, pero al llegar la pubertad hubo algo que comenzó a inquietarles: odiaban sus cuerpos, los miraban gordos. Ana engañaba a sus papás con excusas para no comer. “No tengo hambre”. “Me duele el estómago”. “Ya comí antes de venir”. Mia, en cambio, se atiborraba de comida, disfrutaba mientras lo hacía, pero cinco minutos después corría al baño a vomitar. Ambas sabían lo que le ocurría a la otra, pero ninguna hizo nada. Conforme iban creciendo las cosas empeoraron: aun estando flaquísimas se sentían obesas. Sus vidas se fueron separando y se volvieron esclavas de su propio reino. El tiempo pasó. El mundo de Ana y de Mia era una fantasía que parecía realidad.
Ana y Mia vivían en un castillo, pero angustiadas, tristes,  soñando siempre con bajar de peso.
Tan sólo en México, cientos de blogs y foros de internet reproducen, de una u otra forma, el anterior cuento de Ana (Anorexia) y Mia (Bulimia). Ahí pueden leerse las aspiraciones y temores de un reino donde la comida se pasea como un fantasma que aterra a miles de niñas y adolescentes que se empeñan en hacer dietas extremas y ayunos prolongados (anorexia) o que se alimentan para enseguida expeler lo ingerido (bulimia). Se autonombran “princesas” y para ellas la comida es manzana envenenada, pecado mortal, signo de debilidad. Hablan de cintas métricas, calorías, dietas. Las chicas que padecen anorexia y bulimia son esclavas de un sueño que no logran ver reflejado en sus espejos.
"Porque la comida es como el arte... existe sólo para mirarlo”, dice la frase de presentación del blog amigasanaymia, un sitio que advierte: “Esta es una web Pro Ana, Pro Mia. No me hago responsable por los comentarios aquí emitidos. Si estás ofendid@ al leer sobre estos temas, por favor abandona ahora. No nos interesan tus comentarios".
La Academia Americana de Psiquiatría considera que la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa son enfermedades psiquiátricas englobadas dentro de los trastornos de conducta alimenticia. Son padecimientos graves y potencialmente mortales. Y no son males de pocos. Al menos en México se estiman dos millones de mexicanos que presentan trastornos de la alimentación, y según datos de la Secretaría de Salud entre 0.5% y 1.5% de la población general padece de anorexia y 3% lidia con la bulimia.
Por ello hay páginas de internet que intentan contrarrestar los postulados de estas “princesas”, como el sitio anaymia.com, creado por especialistas internacionales en el tema, quienes explican el peligro de pertenecer a este reino de fantasía. Ellos describen cuáles son los principales detonantes de estas enfermedades:
a) La genética: cuando un miembro de la familia ha padecido anorexia o bulimia, se multiplica entre dos y veinte veces el riesgo de adquirir este mal alimenticio.
b) La pubertad: los cambios físicos y químicos, las dietas restrictivas, la mala valoración del cuerpo, la insatisfacción personal, una situación estresante y los trastornos emocionales propician estos padecimientos.
c) La presión social: el aislamiento social provoca ansiedad y ello conlleva a la búsqueda de una imagen de delgadez extrema.

La realeza
Hoy leí a Nina, desconozco su rostro, su cuerpo, su sonrisa, lo único que tengo de ella es una pequeña biografía de sólo nueve palabras: "Quiero tener el autoestima llena y no el estómago", y un post de su blog personal titulado "Cómo perderlo todo en tres días". Nina no podía conciliar el sueño y decidí acompañar su escritura. "Me odio demasiado, llevo tres días en la casa de mis abuelos, antes de venir pensé que este sería un buen lugar para ser libre de comer lo que quisiera o mejor aún, no comer nada, ya que no iba a estar con mi papá y él es siempre el que me hace sentir mal con sus comentarios sobre mis ayunos; pero no fue así, venir acá ha sido una de las peores ideas que se me pudieron ocurrir, he comido en estos tres días más de lo que he comido desde que empecé con Ana. He encontrado mi infierno personal, siento que estamos encerrados, los ojos de mi familia mirándome, la comida y yo, todos en un mismo espacio, bastante reducido".
De inmediato comprendí su nostalgia. Nina es una princesa. Así, con el mismo nombre que se les da a las niñas en los cuentos de hadas, las chicas enfermas de anorexia y bulimia se llaman "princesas" para reconocerse entre ellas en la red; en los blogs donde comparten dietas para aprender a vomitar con uno, dos, tres, cuatro dedos, o hasta con el puño entero, o sobre cómo perder veinte kilos en dos meses, además de una infinidad de “secretos sólo para la realeza”. En Twitter encontré que hay cientos de chicas que se identifican con nombres alusivos a Ana y Mia, o a princesas de cuentos infantiles, que suelen presentarse con los datos de su estatura, su peso inicial y su peso meta (casi siempre veinte kilos menos). Con estas pistas van encontrándose en las redes.
Nina ha bajado poco más de doce kilos en los últimos dos meses gracias a los inseparables ayunos, un poco de papaya cuando gana la ansiedad y litros y litros de agua. Sólo eso, agua, una fruta y mucho, pero mucho autocontrol. "Mi cuerpo ha cambiado, nunca antes había logrado sentir mis huesos de la cadera de una manera tan real como ahora, adoro estar acostada y tocar mis huesos, mis costillas, y un poco más abajo de la clavícula he empezado a sentir un nuevo hueso, lo amo, me encanta tocarlo, sentir que esta ahí, que es real, que ahora soy diferente", escribe Nina.
Aparentemente nadie conoce el verdadero nombre e identidad de ella, pero no importa, 704 personas siguen su cuenta de Twitter, la leen, comparten dolor, sugerencias, el desesperante frío que provoca la falta de calorías, la tormentosa depresión y ese creciente odio por sí misma. Su blog es un diario casi poético de un sufrimiento cotidiano, desde el primer día que decidió declararle la guerra a su propio cuerpo y al más peligroso de los enemigos: la comida. Sin embargo, el blog de Nina no tiene el mismo perfil que el resto de las páginas Pro Ana y Pro Mia; ella no escribe entradas completas sobre cómo vomitar sin hacer ruido, o cómo meterse el cepillo de dientes para tocar fondo en la garganta, o por qué no, sobre cómo masticar hielos para calmar la ansiedad después de semanas de no probar alimento. Nina no es así. Ella utiliza su blog como cuaderno de notas, donde le escribe a Ana, le cuenta que nunca antes había sido tan feliz, con esa terrible hambruna y esos escalofríos, pero con 12 kilos abajo. Agradece que la anorexia haya llegado a su vida y, como muchas princesas, acostumbra repetir: "No estamos solas".
Esta realeza se extiende a Twitter y a Facebook, y a cualquier red social donde chicas como Nina puedan escribirle a Ana y a Mia que las deje despertar un día más. Desde España, Colombia, Estados Unidos, Alemania, México, en cualquier país y en cualquier idioma, las princesas se buscan, se retuitean, se leen, gritan en 140 caracteres que, por favor, el hambre se detenga, que la ansiedad y la depresión nocturna no se las trague y que, por supuesto, mañana, cuando salga el sol, un nuevo hueso se asome. "Tengo hambre de ser delgada",  tuiteó Nina hace poco.
Quise leer más desesperanza que la que le había leído a Nina y pregunté a Google México sobre el registro que tiene blogspot.com sobre la cantidad de este tipo de páginas, o al menos sobre cuántas han sido reportadas y bloqueadas en nuestro país, pero la política de privacidad de esta plataforma me impidió conocer el número exacto, lo único seguro es que esta noche, frente a mi computadora, escribí en el buscador de Google: "Cómo vomitar, Ana, Mia, princesas". Y sí, tal vez no sepamos cuántas páginas hay, pero, por lo pronto, el magnate de las búsquedas arrojó 274,000 resultados en 0.25 segundos.

"Jamás bajes la cabeza, tu corona podría caerse"
No sabía que la sed pudiera doler tanto, pero para ellas la hora de la comida es lo que Comala para Juan Rulfo, una tierra de muerte. "Mi estómago no ruge, aplaude", tuiteó @autodestruccion. Sólo ellas ven y experimentan el hambre como un orgasmo intestinal. "Si me pusieran a escoger cómo quiero morir, quiero morirme de hambre", retuiteó otra señorita del reino. El Twitter les sirve para desahogarse y apoyarse cada que una de las princesas está a punto de tirar la corona por haberse comido un cuarto de manzana, o levantarse el ánimo luego de un atracón de carbohidratos.
En el reino de la anorexia y la bulimia la corona siempre está en juego. Pasar un sorbo de jugo de naranja puede hacerlas correr al baño para vomitar, porque acaban de ingerir 40 calorías de tristeza y 50 miligramos de debilidad. Vivir con esta enfermedad psiquiátrica incluye considerar que una manzana no es una fruta, sino tres horas de ejercicio, dos cepillos de dientes en la garganta, tres litros de agua con vinagre y un ayuno al día siguiente. “No los culpo por no entender la sensación de asco y furia y soledad y envenenamiento y angustia y malestar que conlleva cada bocado que llevo a mi boca. No los culpo por no entender a qué niveles puedo llegar con tal de alcanzar lo que quiero. Que para mí ya no existen los límites, no hay. No los culpo por pensar que estoy loca simplemente porque no comprenden lo que hago, lo que digo, lo que escribo. No los culpo por mirarme raro, como si tuvieran miedo conmigo o de mí. No los culpo por nada de eso, simplemente me pregunto porque no son capaces de vivir su vida, dejarme a mi morir en la mía. Aún no estoy muerta. No me tengan miedo, soy de cristal. Estoy enojada y humillada por ese plato en la mesa”, cuenta Mell, una princesa de 18 años, bailarina de danza contemporánea.
"Amo bailar, lo es todo para mí, pero exige disciplina y fuerza. A veces carezco del poder de decisión pero cuando decido algo jamás descanso. Este blog es para guiar mi cometido y saber qué es lo que estoy haciendo, es mi espacio, si encuentro personas que como yo tienen una meta me encantaría compartir mi pedacito de historia. No estoy sola (aunque así me sienta). Esto no sólo se trata de bajar de peso, lo hago porque quiero, porque PUEDO hacerlo. Seré perfecta", sentencia Mell en su espacio virtual. Ella tiene 246 seguidoras. Todas saben que mide 1.54 metros, que pesa 37 kilos y que espera amanecer pesando 36 kilos para estar más cerca de su sueño: 30 ligeros kilos. "Quiero ser tan delgada que cuando camine sea el viento el que me lleve", dice.
¿Cómo se le hará para bajar un kilo cada 24 horas? Cada página, cada chica, cada post, tiene un consejo para negociar con el estómago. Entre las sugerencias más comunes y famosas está el clásico "Mastiescupe", que consiste en burlar el deseo de comer cierto alimento sólo masticándolo para saborearlo, y luego escupirlo. Masticarlo y escupirlo hasta que las ganas de tragarlo desaparezcan. O morder hielo para bajar la ansiedad. "Échale jabón a tu comida, así aunque te mueras de ganas por comerte ese delicioso filete lleno de grasa no podrás hacerlo". "Bebe té o café sin azúcar y con el estómago vacío". "Esconde una bolsa de plástico con cierre en tu habitación, cuando te llamen para comer pide hacerlo en tu cuarto porque tienes que hacer tarea, y echa toda la comida en la bolsa". "Cuando estés en casa usa ropa holgada para que no noten tu pérdida de peso". "Cuando te dé un ataque de hambre mírate en un espejo y juega a los siete errores entre una foto de Kate Moss y tu imagen". "Púrgate inmediatamente después de comer, pasada una hora ni te molestes, ya habrás absorbido las calorías". "Mete tres dedos o el cepillo de dientes tan adentro como puedas hasta tocar lo que parece una lengüita, mueve el cepillo haciendo círculos, no lo saques hasta que Mia te haya limpiado el estómago de todos tus pecados".
Y así podría enlistar un centenar de recomendaciones más. Incluso hablan de cómo engañar al médico, cuando sus padres las obligan a ir a tratamiento: "Hay que pesar más los días de chequeos, y ensayar sonrisas para engañar al psiquiatra". En la web no cesa el empeño por tratar de construir reglas de vida: "No olvides crear páginas Pro Ana, visitarlas. Mirar thinspiration —fotografías de modelos y actrices con el cuerpo al que aspiran—, hablar con más princesas y recordarte que no estás sola, que hay muchas llevando la corona".

Doble adicción
El alcohol también es uno de los temas frecuentes en sus charlas tuiteras. Las princesas sólo reconocen dos alternativas: o beberlo en exceso, tanto como para vomitar rápidamente y así poder "purificarte" y "limpiarte", o eliminarlo por completo de la vida, ya que su alto contenido calórico lo convierte en un gran enemigo. La historia de Mari con las adicciones es distinta. A sus 20 años fue internada en un centro de rehabilitación por consumo de drogas. Una vez dentro, los especialistas descubrieron que tomaba estupefacientes como parte de una dieta. "Me internaron por drogas, pero acá se dieron cuenta de que mi adicción era otra. No comía, y para calmar el hambre y bajar de peso comencé a utilizar tachas, mota, todo lo que me ayudara a bajar de peso. Así que ahora no sólo me tratan por la anorexia sino por las drogas".
Mari estaba estudiando Diseño y Comunicación visual en una universidad pública de la Ciudad de México, pero interrumpió su carrera para internarse. Ahora dibuja con pinceles sus temores y sus sueños, los guarda en una carpeta donde pinta ideales de mujeres delgadas, desnudas, mirándose en el espejo y aceptando su reflejo. Y es que los pinceles son más que sus delineadores de sueños. "Todo empezó con un atracón, la idea era dejar de comer por una semana como me habían recomendado, sólo tomando agua, pero no aguanté el ayuno y sentí mucha culpa, rompí las reglas, así que vomité por vez primera, y me encantó. Me agrado más que la sensación de tener hambre, todo el ritual, desde agarrarte el cabello, meterte el pincel, ah, porque yo suelo meterme un pincel en lugar de cepillo de dientes, o de usar los dedos", confiesa.
La doctora María Eugenia Ibarzábal, directora de la Clínica de Trastornos de la Alimentación del Hospital Médica Sur, me dice que la anorexia y la bulimia son enfermedades psiquiátricas multicausales. "Un trastorno de la alimentación es sólo la punta del iceberg, es lo que se ve, pero hay todo un escenario abajo que es lo que lo mantiene, como depresión, ansiedad, conflictos familiares, abusos, vida promiscua, alcoholismo, drogadicción, etcétera".
Mari cuenta que empezó a vomitar a los quince años. "Después de un año de dejar de comer y vomitar me fui con las drogas, porque además de quitarme el hambre me bajaban de peso, y bajé demasiado, sólo así logré pasar de los 63 a los 45 kilos". Ella está intentando rehabilitarse, pero no es fácil: "Desde que entré a internet, a estas páginas, encontré a chicas que piensan como yo, que no me pueden tachar de loca. Es una zona de confort, encontré amigas, las pláticas son completamente de comida, qué se permite y qué no, no sólo me aconsejan sobre dónde picarme para vomitar, ahí también me dicen de ciertas drogas para bajar de peso".

El infierno
Voltea a mirar el alimento más cercano, sujétalo, obsérvalo por un momento, tienes en tus manos lo que podría ser la causa del suicidio de millones de jóvenes en el mundo. "A veces siento que la comida es como una adicción que no puedo dejar, cada vez que un olor me trae un sabor, un deseo y por un segundo sólo pienso 'quiero comer eso', y me siento como una obesa en rehabilitación, si es así entonces esta es la peor de las adicciones, los alcohólicos, los drogadictos y otros muchos adictos, una vez curados no tienen porqué volver a probar el producto de su adicción, pero con la comida es otro cuento, me tengo que enfrentar a ella, mínimo tres veces al día, hasta con el sólo hecho de ver al resto del mundo comer", cuenta Nina, camuflada desde su blog.
"En un momento de ansiedad no eres consciente de todo lo que comes. Es como si se borrara tu memoria", tuiteó @anamiaanamia. Justo como Mari me había platicado cuando me contó sobre sus atracones. Me dijo que el acto de comer es algo que no pueden perdonarse jamás.
La doctora Ibarzábal me explica que "un atracón es el episodio donde se ingiere una gran cantidad de comida que ninguna persona dentro de su peso, estatura y sexo pudiera llegar a comer; estoy hablando de que en un atracón se puede llegar a comer hasta diez mil kilocalorías en menos de dos horas, frecuentemente carbohidratos. Se pueden comer tres pasteles, cinco litros de helado, etcétera, después viene el sentimiento de culpa 'Soy una incapaz, soy una cerda'. El sentimiento es tal que, en una ocasión, me tocó ver en el Clinic de Barcelona que una chica se había escrito con un cúter la palabra 'cerda' en el antebrazo, después de haberse dado un atracón. Son sentimientos de minusvalía terribles. El vómito es un mecanismo compensatorio para saldar esa culpa. Pero estamos hablando de que una chica puede darse un atracón y vomitar y otro día sólo haber comido una manzana y también vomitarla. Una chica se puede tomar diez, veinte, treinta laxantes por día, más hacer ejercicio, más vomitar".
El reino de estas princesas sí es de este mundo. Y, como en todos los reinos, aquí también hay reglas, castigos y recompensas. "Cada que tenemos un antojo debemos hacernos un moretón o una herida, y cuando empiece a sanar la herida, quitar la costra, para que no se te olvide que no puedes comer", me dice Mari. "Yo me corto en el estómago". Y como Mari, la princesa detrás de la cuenta @anamianamia posteó una imagen de su estómago y vientre casi mutilados con un cuchillo, en el pie de foto decía: "Mi estómago está lleno de secretos". Una de sus seguidoras contestó: "Ahora me duele tanto el corazón que haré mi ayuno".

Hay que matar al dragón
"Hoy fue la última sesión grupal con mi psicóloga en el Instituto Nacional de Nutrición, al final, antes de despedirnos nos recomendó a mí y a las demás chicas un libro, La Metamorfosis de Franz Kafka, dijo que trata de un hombre, Gregorio Samsa, quien un día y sin explicación alguna se despierta siendo un escarabajo, un bicho que no cabe en su propio mundo. No tuvo que contar más, quiero leer el libro, de Kafka sólo he leído Carta al padre, pero estoy segura de que me enamoraré de Gregorio Samsa, desde la primera vez que hice un ayuno hace diez años, supe que alguien me había jugado una mala broma y que me tocó nacer y amanecer en un cuerpo que no me pertenece, no quiero seguir sintiéndome un escarabajo", escribió Alicia, una "princesa en construcción", como ella misma se llama.
Alicia, como muchas otras chicas, fue paciente del Programa de Atención a Pacientes con Anorexia y Bulimia, de la clínica de Obesidad y Trastornos de la Conducta Alimentaria del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INNSZ). Ingrid Rocha Velis, coordinadora del programa, asegura que tanto la anorexia como la bulimia son construcciones altamente complejas, y que por esta misma razón lo verdaderamente trascendental e importante de las páginas Pro Ana y Pro Mia no es el contenido de éstas, sino la causa de por qué una chica pone en el buscador las palabras "cómo vomitar". "No hay ningún ser vivo que sea tan vulnerable para desarrollar algo psíquicamente tan complejo con el sólo hecho de visitar una de estas páginas. Lo importante no es el contenido de la web, sino la idea previa de ponerla en el buscador, eso es lo que hay que entender de estas páginas, ¿para qué cerrarlas, lo que se necesita es atender lo previo", me dice la psicóloga.
Los especialistas reconocen que no es fácil rehabilitar a las chicas que padecen anorexia o bulimia. Ello requiere de un proceso psiquiátrico complejo. Los blogs que ofrecen 101 tips para bajar diez  kilos en un mes suelen resultar más atractivos que una larga terapia que promete la autoaceptación. No obstante, hay intentos por tratar de contener el problema. En Facebook existe el grupo "Basta de Pro-Ana y Pro-Mia", y algunas páginas web creadas por chicas recuperadas que combaten y exigen a las princesas el cierre de sus páginas. También ha habido numerosas campañas internacionales para no incluir a mujeres extremadamente delgadas en campañas publicitarias y desfiles de moda. Algunas grandes marcas de ropa y organizadores de pasarelas importantes se han sumado a estos esfuerzos, al igual que muchas revistas de moda, belleza y estilo de vida.
Pero el tema de censurar las páginas web que promueven la anorexia y la bulimia genera debate. La psicóloga Ingrid Rocha considera que "es simple y superficial pensar que una página Pro Ana genera un trastorno alimenticio, es como pensar que las revistas de moda los ocasionan". Ella insiste en que el problema de fondo está en atender las causas que las llevan a visitar dichos sitios. La doctora Ibarzábal opina distinto. "Aunque se necesita un terreno previo para generar un trastorno de este tipo, donde ya está sembrada la idea de inconformidad con el peso, las páginas lo que están haciendo es reforzar esta idea. No sé por qué no se han tomado medidas para cerrarlas a  nivel mundial, es como encontrar páginas que les digan a los jóvenes cómo ser drogadictos, dónde conseguir la droga y cómo consumirla. A ese nivel estamos, a las chicas se les está diciendo cómo enfermarse", me dice.
En el estudio "La influencia de internet en el inicio de la anorexia y la bulimia", de la psicóloga Alva Lilia Licea, se comenta que en nuestro país hay muchísimas mujeres propensas a despertar cual Gregorio Samsa, ya que 78.8% de las mexicanas está inconforme con su imagen corporal, y el 70% de éstas desea una imagen más delgada. Este análisis muestra que Ana y Mia suelen ser el modelo de vida de las chicas de entre 15 y 24 años, pero existen casos donde el reinado de estas princesas se prolonga. Por ejemplo, la doctora Ibarzábal cuenta que su paciente más grande tiene 56 años. "Lleva los últimos 30 años de su vida viviendo el infierno de la anorexia. Tiene veinticinco años sin menstruar, desnutrición crónica. Vive con un fantasma".
Alicia, la chica que intenta recuperarse, escribió en su blog: "Aunque se terminó el programa, sé que mi escarabajo sigue viviendo. No importa, por primera vez en estos diez años quiero curarme. Mi psicóloga me dijo un secreto, dijo que el mejor escudo se construye con piel de dragón y que para construirlo primero necesito atacar al dragón. No sé si Ana me deje libre por completo, pero yo ya no quiero vivir en el castillo. Sacaré mi escudo".
Escudos, piel de dragón, tratamientos psiquiátricos, terapias, el reto de quienes intentan superar estos males de nuestro tiempo no parece nada fácil. En la página web anaymia.com alertan: "La anorexia y la bulimia no son un estilo de vida, terminan negando la vida misma, esclavizando a la persona y dañándola física y psicológicamente".
Hace tres semanas que no sé nada de Nina, dejó de actualizar su blog y no contesta mis mensajes. Lo último que leí de ella fue que aprendió a cortarse el brazo para castigarse después de comer una manzana. Estoy preocupada porque la doctora Ibarzábal me contó que aunque el 70% de las personas que padecen bulimia y anorexia logran curarse, existe un grupo de 10% de individuos que muere. Otro 20% sobrevive, pero mantiene ideas residuales y recaídas. Ojalá que Nina haya logrado encontrar la salida correcta de ese oscuro castillo.

KENIA RIVERA es una periodista que colaboradora en 'Cosmopolitan' México. Hace poco soñó que había matado tantos dragones que podría obsequiar kilómetros de piel gruesa a las chicas que padecen anorexia o bulimia.

Tomado de: http://www.domingoeluniversal.mx/historias/detalle/El+fruto+prohibido+de+las+princesas-503



POR KENIA RIVERA, ILUSTRACIONES: ALFREDO ROAGUI

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